domingo 13 de noviembre de 2011

Les voy a ser franco, muy franco: no soporto a la izquierda...

El Alcazar de Ceuta. 13/11/11. Por su interés, a continuación reproducimos el editorial de Javier García Isac realizado el pasado día 7 de noviembre en su programa de Radio Intercontinental "una hora en libertad". Javier García es Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, etapa en la que se especializa en Política Internacional y colabora en movimientos político-sociales, como responsable de comunicación y estrategia política. Ha colaborado en los informativos nocturnos de Radio Intercontinental, como experto en Política Internacional. Desde hace cinco años es productor y co-director del programa “Una Hora en Libertad” y asesor en materia política en el programa “Viva Madrid”, en COPE Madrid 2.

Les voy a ser franco, muy franco: no soporto a la izquierda. No la soporto nada.

A la izquierda en general, y a la española en particular. No aguanto que me den lecciones de una supuesta superioridad moral de la que en verdad carecen. No aguanto que me den lecciones de democracia aquellos que jamás han creído en ella, excepto si los resultados les son favorables. No aguanto que me hablen de libertad los que han sido capaces de oprimir a medio mundo. No aguanto sus tesis económicas, pues se han demostrado que son ruinosas e ineficaces. En definitiva, no soporto a la izquierda, pues todo en ellos es ruin, mezquino, falso y manipulador.

No solo me estoy refiriendo al iluminado de la Moncloa, me refiero al sustituto, al aprendiz de alquimista, al que todo lo ve, el que nos vigila, y el que nos dice lo que podemos o no hacer: el Señor Rubalcaba.

La izquierda es consciente que para poder subsistir, necesita un pueblo inculto, necesita la mentira, el engaño y la tergiversación histórica. Solo así, se entendería que con lo que está sucediendo en España, todavía la izquierda, todavía el PSOE, tenga personas que sean capaces de votarlos. Solo desde el desconocimiento y la incultura, que ellos mismos fomentan e implantan, tienen posibilidades de triunfo.

A la izquierda no le interesan los pueblos preparados, los pueblos cultos. No le interesa el conocimiento y la verdad. Cuanto más conoce un pueblo, menos posibilidades tiene la izquierda.

Aquellos llamados intelectuales, que en su juventud coquetearon con la izquierda como algo romántico, una vez la conocen, huyen y reniegan de su pasado, como si una aflicción les persiguiera de por vida, y no es de extrañar pues el que sabe, reniega y el que conoce huye.

La izquierda es la gran maldición que ha caído sobre el mundo en el siglo XX, y que amenaza con extenderse durante el siglo XXI. La izquierda tiene muchas caras, muchos disfraces, depende de lo que interese en cada momento: son profundamente ateos, pero no tienen ningún reparo en hablarnos de Jesús y de la Teología de la Liberación si con eso consiguen adeptos entre los creyentes. Te hablan de libertad en la Europa Occidental para engañar a los incautos, pero han guardado silencio durante más de 50 años sobre la opresión sufrida en la Europa Oriental. Exigieron democracia para Chile, pero no para Cuba. Hablan de derechos humanos, pero para etarras, terroristas y asesinos, no para sus víctimas. En definitiva, la izquierda es ese gran monstruo de muchas cabezas, capaz de mimetizarse según lo que interese. Es amoral y anodina, es capaz de decir una cosa y hacer la contraria. Es capaz de estar gobernando y parecer que son oposición. Su mentira y tergiversación, no tiene límites y solo desde la verdad y en conocimiento se la puede vencer.

No caben medias tintas, no caben ambigüedades. O desenmascaras a la izquierda, o ella acabara contigo, convirtiéndote en un zombi, en un ser despreciable, en un animal. Te convertirás en un simio, pues tu mente habrá sido lobotomizada. Serás una maquina, serás lo que ellos deseen que seas. La izquierda corrompe y esta corrupta.

miércoles 12 de octubre de 2011

12 de Octubre de 1968. Independencia de Guinea Ecuatorial.

Tal día como hoy hace 43 años, concretamente en 1968, se proclamaba la independencia de Guinea Ecuatorial, hoy queremos hacer un homenaje a esta pequeña nación africana que un 12 octubre paso a formar parte de la inmensa comunidad países que hoy conforman la hispanidad.

El Alcázar de Ceuta. 12/10/11. En la primera mitad del siglo XX, África era un continente colonizado por las potencias europeas, en especial, Inglaterra y Francia. También España tenía sus colonias.

Los territorios portugueses del Golfo de Guinea estuvieron incorporados a la Corona de España con la fusión de ambas monarquías, durante el reinado de Felipe II. Luego volvieron a manos portuguesas pero, como consecuencia del Tratado de El Pardo de 1778, se integraron en los territorios españoles de Ultramar. En 1885 se convertiría en Protectorado.

En la colonia se hicieron plantaciones de café y cacao y España construyó caminos y puertos, así como escuelas y hospitales.

Inicialmente se hizo cargo del gobierno un General del Ejército, pero desde 1869, el cargo de Gobernador General recayó en un Almirante, mientras la Guardia Colonial era dirigida por oficiales de la Infantería de Marina y se le asignó una fragata, una corbeta y un buque hidrográfico, que levantase las cartas de navegación costera.

En 1954 la ONU, que ya en su Carta Fundacional recogía el principio de autodeterminación de los pueblos, dio un fuerte impulso al proceso descolonizador, iniciando la cuenta atrás para el final de la presencia colonial europea en el continente africano..

España tuvo la ocasión de ver la evolución de los sistemas tutelados francés y británico que buscaban desarrollar en el país cierta madurez política previa a la independencia. Inicialmente, Carrero Blanco intentó en 1959 mantener el dominio del territorio con la concesión del estatus de provincia. Esta formula duró hasta que por el referéndum de 1963 quedó refrendada la concesión de un régimen autonómico para Guinea, periodo este, que sin lugar a dudas puede ser considerado como la etapa de mayor prosperidad y de mejor recuerdo para la inmensa mayoría de los guineanos que lo vivieron.

En noviembre de 1965, la ONU pidió a España que fijase una fecha para la independencia de Guinea Ecuatorial. El 11 de agosto de 1968, el 63% del pueblo guineano aprobó con su voto la nueva Constitución, en un referéndum supervisado por la ONU.

Las elecciones presidenciales se celebraron el 22 de septiembre y se necesitó una segunda vuelta ya que ninguno de los cuatro candidatos alcanzó la mayoría absoluta. Resultó vencedor Francisco Macías Nguema, que se proclamó primer Presidente de la República de Guinea Ecuatorial, nombre adoptado por la nueva nación.

El 12 de octubre de 1968 se celebró en el salón del Trono del Palacio Presidencial de Santa Isabel (hoy Malabo) el acto solemne con la firma del documento de Independencia por Manuel Fraga Iribarne, Ministro de Información y Turismo, por el cual se transmitía al nuevo gobierno el poder sobre el territorio continental de Río Muni y las islas de Fernando Poo, Annobon, los Coriscos y Elobey.

domingo 2 de octubre de 2011

Los Ejércitos Pontificios. Soldados al servicio de Roma.

La Guardia Pontificia

El Cuerpo de Guardia Suiza Pontificia (alemán: Schweizergarde, italiano: Guardia Svizzera Pontificia, latín: Pontificia Cohors Helvetica, o Cohors Pedestris Helvetiorum a Sacra Custodia Pontificis) es un pequeño ejército mantenido por la Santa Sede y encargado de la seguridad personal del Papa, así como del Palacio Apostólico. Sirve, además, de facto como el cuerpo militar de la Ciudad del Vaticano. En la actualidad, con alrededor de 110 soldados, conforma el ejército profesional más pequeño del mundo.

Antiguos Cuerpos de Guardia Pontificios

Guardia Noble
Guardia Palatina
Zuavos Papales
La Guardia Suiza

La Guardia Suiza fue fundada por el Papa Julio II en 1505, ante la necesidad de que existiera un cuerpo militar siempre disponible para proteger al Papa. Su historia ejemplar de lealtad guarda el honor y el orden en la Ciudad del Vaticano. Fue creada el 21 de enero de 1506, tres años después de que el Papa Julio II ocupara la silla de San Pedro y pidiera a los nobles suizos, soldados para su protección, formando una compañía de 150 hombres. En ese momento, la elección lógica fueron los mercenarios suizos, debido a la reputación que se habían labrado en las Guerras de Borgoña. La fecha oficial de su fundación es el 21 de enero de 1506. Julio II les otorgaría más tarde el título de “Defensores de la libertad de la Iglesia”.

Diversos hechos de armas han inmortalizado la bravura de estos soldados, pero el más memorable ocurrió en 1527 cuando se enfrentaron a un millar de soldados alemanes y españoles durante el saqueo de Roma por parte de las tropas del emperador Carlos V. Lucharon ante la Basílica de San Pedro y siguieron combatiendo mientras retrocedían hasta los escalones del altar mayor. Sobrevivieron sólo 42 de los 150 guardias suizos; estos formaron un círculo alrededor del Papa Clemente VII y lograron que escapara por un callejón que conduce al Castillo de Sant'Angelo. Rememorando este hecho, cada 6 de mayo los nuevos alabarderos juran sus cargos ante el Papa y los ascendidos toman posesión.

La bandera está dividida por una cruz blanca en cuarteles. En la parte inferior derecha aparecen las armas del Papa Julio II; en el cuadrante superior izquierdo las del Papa reinante; en los otros se despliegan los colores de la Guardia y en el medio aparece el escudo del propio comandante.

En las ceremonias vaticanas, cada vez que el Santo Padre pasa frente a ellos, el llamado «Ejército más pequeño del mundo» le saluda de rodillas, en señal de profundo respeto y máximo honor.

La Guardia Suiza hoy

No se considera que la Guardia Suiza pertenezca a ninguna otra organización: su función exclusiva es la de ejército del Estado soberano de Ciudad del Vaticano. Está compuesta por unos ciento treinta soldados: el Comandante, con el rango de Coronel, el Vicecomandante, un capellán Teniente Coronel, un oficial con el grado de Comandante, dos oficiales de rango Capitán, 23 mandos intermedios, 99 alabarderos y 2 tamborileros.

Se les entrena en procedimientos y manejo de armas modernas, aunque también se les enseña a manejar la espada y la alabarda. Reciben lecciones de autodefensa, así como instrucción básica en tácticas defensivas de guardaespaldas similares a las utilizadas en la protección de muchos jefes de Estado. Actualmente cada guardia suizo trae oculto en su uniforme un pulverizador de gas lacrimógeno y, a partir del grado de sargento, una pistola y dos modernas granadas.

Desde el punto de vista ceremonial, compartían deberes en la corte pontificia con la Guardia Palatina y la Guardia Noble. Pero desde que estos cuerpos fueron abolidos en 1970 bajo Pablo VI, la Guardia Suiza ha pasado a ocupar los roles ceremoniales de las anteriores unidades.

Uniforme

El uniforme oficial de la Guardia es azul, rojo, naranja y amarillo con una brillante apariencia renacentista. El actual fue diseñado por el Comandante Jules Répond (1910-1921) a partir del modelo que aparece en una pintura de Rafael, donde se aprecia a la Guardia Suiza de la época transportando al Papa Julio II sobre una litera. Por mucho tiempo se atribuyó el diseño a Miguel Ángel, pero la Santa Sede se encargó de aclarar que éste no tuvo nada que ver, sino que fue influenciado por Rafael, como influyó con toda la moda italiana renacentista, a través de sus pinturas.

Este diseño, realizado en los colores azul y amarillo de la Casa Della Rovere, a la que pertenecía Julio II, es considerado una de las vestimentas militares en activo más antiguas del mundo. Resulta mucho más vistoso, alegre y brillante que el que tenían ya bastante degradado en el siglo XIX: el yelmo, ornado con una pluma roja o blanca, según la graduación; los guantes blancos, la coraza, que aún tiene una reminiscencia medieval, y el casco morrión, negro (o plata para las ocasiones de gala), que es una copia del que llevaban los soldados españoles en el siglo XVI. El color rojo fue introducido por el Papa León X, en referencia al escudo de los Médicis.

El uniforme bermejo de los oficiales está basado en el que usaban los guardias españoles del Imperio durante el reinado de Felipe II. Van armados de alabarda y espada ropera, aunque en su prestación de servicio añaden para el uso armas modernas de infantería, pistola, ametralladoras y subfusiles y fusiles de asalto, además de explosivos con los que realizan un alto entrenamiento profesional y táctico militar.

El uniforme de diario es más funcional, consistente en una versión de azul sólido, más simple que el colorido uniforme de gran gala, usado con un simple cinturón marrón, un collar blanco y una boina plana negra. Para los nuevos reclutas y la práctica de rifle se usa un simple conjunto de color azul claro con cinturón de color café. Durante el tiempo frío o inclemente, una capa azul oscuro se lleva sobre el uniforme regular.

Los guardias suizos no usan propiamente botas altas, aunque sí calzas a las piernas, sujetas a la altura de la rodilla por una liga dorada y cubiertas por polainas según la ocasión y clima. Este uniforme expresa la alegría de ser soldado, de combatir y de estar al servicio del Papa. Aunque también el color rojo simboliza la sangre derramada en defensa del Papado.

“Yo, [nombre del nuevo guardia], juro mantenerme fiel diligente y fervientemente a todo esto que me ha sido leido; que sea el Todopoderoso y Sus Santos mis testigos.”

La Guardia Noble

La Guardia Noble (italiano: Guardia Nobile) era una de las unidades de guardia de laSanta Sede. Fue creada por Pío VII en 1801 como un regimiento de caballería pesada, fusionando en ella la antigua Guardia de los Caballeros Ligeros (fundada en 1485 por Inocencio VIII) y elCuerpo delle Lance Spezzate(fundado por Pablo IV en 1527). El nuevo cuerpo recibió el nombre de "Guardia Noble del Cuerpo de Nuestro Señor". En 1968 Pablo VI la rebautizó como "Guardia de Honra de Su Santidad".

En un principio, el regimiento tenía como principal tarea escoltar al Romano Pontífice y a otros grandes Príncipes de la Iglesia, así como en las misiones a lo ancho de los Estados Pontificios a las órdenes del Papa. Una de sus primeras grandes misiones fue la escolta de Pío VII a París para la coronación de Napoleón Bonaparte como Emperador el día 2 de diciembre de 1804. Con la unificación italiana y la confiscación de los Estados Pontificios en 1870, la Guardia Noble se transformó en una Guardia de Corps pedestre encargada de la custodia física de la persona del Papa.

Estaba conformada por soldados voluntarios, sus miembros no recibían paga por el servicio prestado e incluso debían pagar su propio equipamiento. El comandante del cuerpo tenía título de Capitán. Uno de los puestos intermedios de la Guardia Noble era el de Portaestandarte Hereditario, quien portaba el Estandarte Papal. El oficial de servicio de la Guardia Noble era el jefe de todos los cuerpos militares de la antecámara pontificia, incluida la Guardia Suiza y los gentilhombres.

La Guardia tenía un capitán general comandante, que tenía la representación del Cuerpo y era ayudado por un coronel ayudante. El comando militar era competencia del oficial ayudante mayor. A continuación dos brigadieres generales, que comandaban la brigada de servicio y la brigada de honor. Tras ellos había nueve oficiales y los guardias, subdivididos a su vez en diversos grados.

La Guardia Noble hacía su aparición en público sólo cuando el Papa tomaba parte en funciones públicas. Durante el período de Sede Vacante, el cuerpo permanecía al servicio del Colegio Cardenalicio. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Guardia Noble compartió la responsabilidad de la seguridad personal de Pío XII con la Guardia Suiza. Por ejemplo, cuando el Papa daba su paseo diario por los Jardines Vaticanos, dos Guardias Nobles le seguían a distancia.

La Guardia Noble tenía desde sus inicios la prerrogativa de no prestar juramento. El Papa Inocencio VIII que la estableció declaró que la fidelidad de la Guardia Noble no estaba en discusión.

Inicialmente sólo estaba abierta a los nobles provenientes de los Estados Pontificios, pero después de 1929 se amplió el ingreso a la nobleza de toda Italia. Hubo algunas excepciones a esta regla de la nacionalidad, como la del noble español Luis de Goyeneche.

Este cuerpo de guardia fue disuelto por Pablo VI en 1970 como parte de las reformas tras el Concilio Ecuménico Vaticano II.

La Guardia Palatina

La Guardia palatina (italiano: Guardia Palatina d'Onore) fue una unidad militar de los Estados Pontificios y la Ciudad del Vaticano.

La Guardia palatina nació en 1850 bajo el pontificado de Pío IX de la fusión de dos unidades preexistentes en los Estados Pontificios. Dicho cuerpo estaba formado como una unidad de infantería y tomaba parte en la vigilancia de Roma, por lo que participó en diferentes batallas, incluyendo la defensa de la Ciudad Eterna contra los soldados piamonteses.

Después de 1870 y de la unificación de Italia, la Guardia fue confinada al Vaticano, donde prestaba un servicio de guarida. Hacían acto de presencia cuando el Papa aparecía en la Plaza de San Pedro o cuando un Jefe de Estado visitaba el Vaticano. En este tipo de ocasiones formaban una banda militar y ejecutaban los himnos nacionales.

Los miembros de esta unidad eran voluntarios que no recibían pago por su servicio, aunque sin embargo recibían cierta cantidad para la reparación de sus uniformes (Las tropas vestían uniforme azul y un quepis emplumado).

La Segunda Guerra Mundial tuvo un papel incidente en la historia de la Guardia Palatina. En setiembre de 1943, cuando las tropas alemanas ocuparon Roma, la Guardia tuvo la responsabilidad de proteger la Ciudad del Vaticano, varias propiedades vaticanas en Roma y la villa de verano papal en Castel Gandolfo. Sus miembros (principalmente comerciantes de Roma y empleados de oficina), cuyos servicios estaban anteriormente limitados a permanecer de pie y presentar armas en las ocasiones ceremoniales, ahora debían patrullar los muros, jardines y patios del Vaticano y vigilar las entradas a los edificios pontificios alrededor de la Ciudad Eterna. En más de una ocasión este servicio terminó en violentas confrontaciones con las unidades de la Policía Fascista italiana que trabajaba con los alemanes arrestando refugiados políticos que estaban escondidos en edificios protegidos por el Vaticano.

Al comienzo de la Segunda Guerra en septiembre de 1939 la Guardia Palatina nucleaba unos quinientos hombres, pero para la liberación de Roma en junio de 1944, el cuerpo había crecido hasta los dos mil.

Fue disuelto el 14 de septiembre de 1970 por Pablo VI como parte de las reformas de la Iglesia. Sus antiguos miembros fueron invitados a formar un nuevo grupo llamado Asociación Santos Pedro y Pablo (Associazione SS. Pietro e Paolo), cuyos estatutos fueron aprobados por el Santo Padre en abril de 1971.

Los Zuavos Papales

Zuavo es el nombre que se dio a ciertos regimientos de infantería en el ejército francés, que normalmente sirvieron en el Norte de África entre 1831 y 1962. Originarios de Argelia, tanto el nombre como el uniforme distintivo de los Zuavos se extendió por las fuerzas armadas de Estados Unidos, Estados Pontificios, España, Brasil y el Imperio otomano. La etimología es del francés zouave que por su parte deriva de la palabra bereberzwāwī la cual es el gentilicio de la tribu zwāwa, que aportó soldados mercenarios.

Los Zuavos Papales fueron creados para la defensa de los Estados Pontificios y evolucionaron a partir de una unidad formada en 1860, los Tiradores Franco-Belgas. El 1º de enero de 1861 la unidad fue renombrada como Zuavi Pontifici. Estaba integrada principalmente por hombres jóvenes, solteros y católicos, quienes voluntariamente asistían a Pío IX en su conflicto contra la Unificación italiana. Usaban un estilo de uniforme similar al de los zuavos franceses, pero en color gris con adornos rojos. Un quepi gris y rojo fue sustituido por el fez nor-africano.

Todas las órdenes se daban en francés y la unidad era comandada por un coronel suizo, M. Allet. No obstante, el regimiento era verdaderamente internacional, y en mayo de1868 llegaban a 4592 hombres: 1.910 holandeses, 1.301 franceses, 686 belgas, 157 romanos y ciudadanos pontificios, 135 canadienses, 101 irlandeses, 87 prusianos, 50 ingleses, 32 españoles, 22 alemanes de fuera de Prusia, 19 suizos, 14 estadounidenses, 14 napolitanos, 12 modeneses, 12 polacos, 10 escoceses, 7 austriacos, 6 portugueses, 6 toscanos, tres malteses, dos rusos y un voluntario de cada una de las islas de los Mares del Sur, India, "África", México, Perú y Circasia.

Mil quinientos zuavos pontificios colaboraron en la notable victoria papal en la batalla de Mentana, librada el 3 de noviembre de 1867 entre las tropas franco-papales y voluntarios italianos dirigidos por Giuseppe Garibaldi. Los zuavos también jugaron un papel en los compromisos finales de septiembre de 1870, en los cuales las fuerzas papales superaban casi siete a uno. Después de la captura de Roma por Víctor Manuel en 1870, los ex Zuavos Pontificios sirvieron al gobierno de la Defensa Nacional en Francia durante la guerra franco-prusiana. La unidad fue disuelta después de la entrada de las tropas prusianas en París.

martes 20 de septiembre de 2011

20 de Septiembre. Aniversario de la Legión.

El Alcazar de Ceuta. 20/09/11. La Legión es uno de los mejores cuerpos de élite del ejército español, desde su nacimiento durante las guerras de Marruecos hasta sus últimas misiones han demostrado ser un cuerpo capaz, bien entrenado y obediente hasta la muerte. Siempre imbuidos de ese espíritu de sacrificio y de camaradería que hace que se eleven por encima del resto de soldados. Su nacimiento y su lucha durante la guerra de Marruecos marcaron y modelaron la personalidad de este cuerpo militar para siempre, en Marruecos nacieron “los novios de la muerte

La legión fue fundada en 1920 con el propósito de ser un cuerpo de elite a estilo de la eficaz Legión Extrajera Francesa, un cuerpo que estuviera especializado en combatir eficazmente a los rebeldes marroquíes. La idea de crear un cuerpo de tropas españolas y extranjeras partió del comandante Millán Astray, un experto comandante que había participado en la guerra de Filipinas y tenía una larga experiencia en la Policía Indígena y en los Regulares de Marruecos. La escasa eficacia de los soldados de reemplazo de infantería y los reservistas en las batallas contra las tribus rebeldes marroquíes unido a la grave incompetencia de muchos mandos había provocado numerosas bajas y humillaciones que habían creado un gran malestar en la sociedad española, un malestar que culminó en la “Semana Trágica” de Barcelona.

Millán Astray era consiente de todo esto y se entrevistó con el general Tovar, el ministro de la Guerra para proponerle la creación de tropas coloniales de choque bien entrenadas que evitaran las sangrías de los regimientos de línea. El proyecto es aprobado y Millán Astray se dedicará a la creación de la Legión a partir de 1919. En octubre de 1919 Millán Astray va a Argelia para estudiar in situ el modelo existente en la Legión Extranjera Francesa, esto es, para aprender su organización, armamento, reclutamiento de extranjeros…y aplicarlo al cuerpo que quería formar. Millán Astray suma la organización de la Legión Extranjera Francesa y la tradición militar española de la época imperial, la legión será la sucesora espiritual de los famosos Tercios, y de sus conceptos de honor, deber y sacrificio. A todo esto Millán Astray une una especial ideología que quiere fomentar entre los soldados legionarios; “el credo legionario”, un código basado en el “bushido” japonés, el código de honor samurai que exalta el servició, el deber y la muerte en combate con honor. Todas estas influencias variadas crearán a la Legión, oficialmente fundada el 28 de Enero de 1920 por real decreto de Alfonso XIII con el nombre de “Tercio de Extranjeros”.Habían nacido los “novios de la muerte” y su lema era”Legionarios a luchar, Legionarios a morir” y su símbolo será el armamento de los tercios, ballesta y arcabuz en aspa con una pica en medio.

La legión admitiría como miembro a cualquier español o extranjero entre 18 y 40 años que estuviese (o pareciese) sano. La Legión no pedía documentación lo cual fomentaba que fuera un buen lugar para que gente de pasado turbio tuviera una nueva vida. Las primas de enganche se establecen en 700 pesetas por 5 años de enganche y 500 pesetas por 3 años de enganche, a las que se suman los haberes diarios y la posibilidad de ascensos en tiempo de paz y guerra. Los jefes y oficiales serán elegidos personalmente por Millán Astray de entre los que tenían más meritos en campaña. Entre ellos estarán los comandantes Franco y Vara del Rey. El destino de la Legión será Ceuta, teniendo como cuartel el campamento de Dar Riffien construido por los propios legionarios al quedarse pequeño el cuartel que tenían asignado en un principio. La Legión constaría de una plana mayor, cuatro compañías de deposito para la instrucción y tres unidades tácticas llamadas Banderas, cada una compuesta de dos compañías de fusiles y una de ametralladoras. En cuanto a uniforme destacarán por usar el gorrillo isabelino con borla, la guerrera de cuello vuelto con el cuello de la camisa por encima y correajes de lona británicos comprados en Gibraltar. En armamento tendrán el típico del ejercito español de la época, fusil Máuser de fabricación española, fusil ametrallador, ametralladoras pesadas Hotchkins, morteros Laffite, pistola Astra y el legendario machete bayoneta de 30 centímetros de hoja. Los legionarios recibirán un duro entrenamiento que les prepara para las largas marchas y el combate contra los insurgentes marroquíes.

El bautismo de fuego lo recibirá la Legión con la muerte del cabo Baltasar en una emboscada en enero de 1921 durante una aguada, o abastecimiento de agua. Posteriormente la legión tomará parte en las conquistas de Xauen, Benilai y Buharratz dando muestras de ser unos esplendidos combatientes. Pero las acciones más importantes empezarán el 22 de Julio de 1921, la Legión, que estaba emplazada en la zona occidental de Marruecos para combatir a las bandas rebeldes del líder marroquí El Raisuni, recibe la orden de acudir en auxilio de la ciudad de Melilla, que estaba en una grave situación tras el desastre de Annual, producido ese mismo día 22 de Julio, en el que las bandas rebeldes de Abd El Krim habían aniquilado al ejercito español de la zona. La Legión avanza a marchas forzadas a Tetuán a 100 kilómetros de distancia, distancia que recorrerán en día y medio. Desde allí se embarcarán hacia Melilla en el vapor “Ciudad de Cádiz”. Antes de partir los legionarios habían jurando ante Millán Astray morir todos antes de dejar caer la ciudad ante el enemigo.

La expedición estará al mando del general Sanjurjo, la Legión estará al mando directo de Millán Atray, con los comandantes Franco y Fontanés al mando de las banderas. La Legión llega a Melilla el 24 de Julio, levantando rápidamente la baja moral de la población civil, y dedicándose a reforzar las defensas de la plaza. Las tropas rebeldes avanzan imparables, conquistando todas las posiciones españolas alrededor de Melilla y poniendo en graves dificultades la defensa de ésta. La legión será encargada de defender los “blocaos” o posiciones defensivas avanzadas de Ait Aixa, Sidi Musa, Taguel Manin…en el exterior de la ciudad. Los blocaos sufren continuos ataques por parte de las Harkas o bandas rebeldes. El 15 de septiembre el blocao de Dar Hamed sufre un duro asedio, la Legión pide permiso para acudir en su ayuda, pero solo se concede permiso a 15 hombres al mando del cabo Suceso Terreros, los voluntarios llegarán al blocao y lo defenderán valientemente. El cabo Terreros mandará dos hombres en busca de ayuda, llegará uno, pero será demasiado tarde, cuando llegan los refuerzos todos los legionarios están muertos dentro, siendo la primera acción donde los legionarios demostraron su espíritu de sacrificio y su amor por la muerte, pues fueron voluntarios a morir sabiendo que sus posibilidades eran nulas.

Tras la eficaz defensa de los blocaos y la llegada de refuerzos la Legión se encargará de reconquistar el territorio perdido. Con la toma de Nador y el monte Gurugú el 9 de Octubre se conseguirá poner a salvo a la ciudad de Melilla y emprender la conquista del territorio perdido. La legión llegará a Annual el 14 de Octubre y verá con rabia los restos del desastre ocurrido en Julio, los cadáveres de los españoles sin enterrar, descompuestos, mutilados y vejados horriblemente. A partir de entonces la Legión no tendrá piedad con los enemigos que caigan en sus manos, la dureza de los legionarios se hará legendaria. La legión había salvado a Melilla y con ella el protectorado español de la zona oriental de Marruecos.

En los años 1922-1925 la Legión participará en numerosos combates en que logrará mucha fama por su eficacia y por sus actos de sacrificio, La Legión avanzará siempre sin importarle el número de bajas. Destacarán los combates de Tizzi Azza en 1923, donde el teniente coronel Valenzuela morirá al cargar al frente de su hombres contra el enemigo y la retirada de Xauen a Tetuán en que la Legión cubrió la retirada del resto del ejercito. Posteriormente la Legión participará en el desembarco de Alhucemas en 1925, una operación en colaboración con Francia en que se conseguirá derrotar definitivamente a Abd El Krim. Posteriormente la intensidad de la campaña decrecerá y finalmente Abd el Krim será capturado en 1927 y entregado a la justicia francesa. La paz volvería al protectorado español tras las duras y numerosas batallas que hicieron famosa a La Legión y a sus mandos por su valor extremo y su desprecio por la muerte. La dureza de Marruecos creó la élite del ejército español, “los novios de la muerte”.

lunes 12 de septiembre de 2011

12 de Septiembre. 383 aniversario de la Batatalla de Kahlemberg y del último asedio turco a Viena

blogreligionenlibertad.com. Los turcos habían asolado ya los Balcanes y toda Hungría. Ahora asediaban la capital imperial del Sacro Imperio Romano Germánico.

Centenares de miles de soldados turcos, al mando del visir Kara Mustafá, pretendian conquistar la ciudad como puerta de la islamización de toda la Europa Central.

El sitio lo inició el gran visir Kara Mustafá, en una campaña contra el emperador Leopoldo I, que estaba ocupado con las amenazas del Borbón Luis XIV de Francia.

Los turcos, avanzando con una fuerza abrumadora, habían reunido al mayor ejército musulmán desde los tiempos de Saladino.

Sitiaron la ciudad el 16 de julio, pero su falta de artillería de asedio y la feroz resistencia de la ciudad permitió a Leopoldo pedir al Papa reunir un ejército.

Y así fue, el Papa llamó a una cruzada, ésta vez para defender una ciudad cristiana, Viena.

A la llamada acudieron todos los países cristianos de Europa (excepto el propio rey borbón de Francia, al que llamaron «el rey Moro»), bien con tropas, o, por su lejanía física para enviar soldados, con aportación monetaria (como hizo España).

Como recuerda Expósito, al amanecer del 12 de septiembre de 1683 el venerable Marcos de Aviano, tras haber celebrado Misa ayudado por el rey de Polonia, bendice al ejército en Kalhenberg, cerca de Viena: 65.000 cristianos se enfrentan en una batalla campal contra 200.000 otomanos.

Están presentes con sus tropas los príncipes del Baden y de Sajonia, los Wittelsbach de Baviera, los señores de Turingia y de Holstein, los polacos y los húngaros, el general italiano conde Enea Silvio Caprara (1631-1701), además del joven príncipe Eugenio de Saboya (1663-1736), que recibe su bautismo de fuego.

La batalla dura todo el día y termina con una terrible carga al arma blanca, guiada por Sobieski en persona, que pone en fuga a los otomanos y concede la victoria al ejército cristiano: éste sufre solamente 2.000 pérdidas contra las más de 20.000 del adversario.

El ejército otomano se da a la fuga en desorden, abandonando todo el botín y la artillería tras haber masacrado a centenares de prisioneros y esclavos cristianos.

El rey de Polonia envía al Papa las banderas capturadas acompañándolas con estas palabras: "Veni, vidi, Deus vincit".

Todavía hoy, por decisión del Papa Inocencio XI, el 12 de septiembre está dedicado al Santísimo Nombre de María, en recuerdo y en agradecimiento por la victoria.

Al día siguiente el emperador entra en Viena, alegre y liberada, a la cabeza de los príncipes del Imperio y de las tropas confederadas y asiste al Te Deum en acción de gracias, oficiado en la catedral de San Esteban por el obispo de Viena-Neustadt, luego cardenal, el conde Leopoldo Carlos Kollonic (1631-1707), alma espiritual de la resistencia.

Eje espiritual del campo cristiano fue el beato Marco Marco D´Aviano, que participó activamente en la cruzada anti-turca en calidad de legado pontificio y de misionero apostólico.

Contribuyó de manera decisiva a la liberación de Viena del asedio turco, el 12 de septiembre de 1683. De 1683 a 1689 tomó parte en las campañas militares de defensa y liberación de Buda, el 2 de septiembre de 1686, y de Belgrado, el 6 de septiembre de 1688.

Y favorecía la armonía dentro del ejército imperial, exhortaba a todos a una auténtica conducta cristiana y asistía espiritualmente a los soldados.

La victoria de Kalhenberg marcó el comienzo del declive del Imperio otomano en Europa.

Esta batalla y la liberación de Viena son el punto de partida para la contraofensiva dirigida por los Habsburgo contra el imperio otomano en la Europa danubiana, que conduce, en los años siguientes, a la liberación de Hungría, de Transilvania y de Croacia, dando además la posibilidad a Dalmacia de seguir siendo veneciana.

Es el momento en el que se manifiesta con mayor fuerza la grandeza de la vocación y de la misión de la Casa de Austria en la redención y la defensa de la Europa sur-oriental. Para realizarla moviliza bajo las insignias imperiales los recursos de alemanes, húngaros, checos, croatas, eslovacos e italianos, asociando venecianos y polacos, construyendo aquel imperio multiétnico y multirreligioso que dará a la Europa Oriental estabilidad y seguridad hasta 1918.

La gran alianza, que consigue tomar vida en el último momento merced al Papa Inocencio XI, recuerda la empresa y el milagro realizados un siglo antes gracias a la obra del Papa san Pio V (1504-1572) en Lepanto, el 7 de octubre de 1571.

Por el giro impreso a la historia de Europa Oriental, la batalla de Viena puede ser comparada a la victoria de Poitiers en 732, cuando Carlos Martel (688-741) detiene el avance de los árabes.

Y la alianza que en 1684 es ratificada con el nombre de Liga Santa registra un acuerdo único entre alemanes y polacos, entre imperio y emperador, entre católicos y protestantes, alentada e impulsada por la diplomacia y por el espíritu de sacrificio de un gran Papa, encaminado a la consecución del objetivo de la liberación de Europa de los turcos.

En aquel año se realiza una hermandad de armas cristiana que da lugar a la última gran cruzada que, tras la victoria y desaparecido el peligro, fue pronto olvidada, con lo que, tras Viena, en Europa las "campanas de los turcos" callan para siempre.

Cuenta la tradición que entre el botín capturado a los turcos, había también muchos sacos de café, muy apreciado por los otomanos, y se popularizó en esa zona, Y cuya preparación especial se llamó capuchino en honor a la orden a la que pertenecía Marco d´Aviano

Además, junto a esa popularización del café, el asedio de Viena de 1683 fue el origen de uno de los alimentos más famosos de todo Occidente: el croissant (creciente), una pieza de bollería fina que rememora el decisivo papel desempeñado por el gremio de los panaderos vieneses para salvar la ciudad y cuyos miembros, a modo de feliz conmemoración, elaboraron dos tipos de panes: uno con el nombre de ´Emperador´ , en honor a Leopoldo I, y otro llamado ´Halbmond´ (media luna), con la forma del actual croissant, como mejor manera de mofarse de los turcos otomanos, de quienes que el creciente lunar era su emblema tradicional [*].

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[*] Paradójicamente, los turcos otomanos habían adoptado el símbolo de la medialuna (que con el paso de los siglos pasó a ser un emblema musulmán) tras la conquista de Constantinopla en 1453, pues ése era el emblema tradicional de la ciudad desde la Antigüedad precristiana, cuando la ciudad era una colonia griega llamada Bizancio y se salvó de ser asaltada y tomada durante un ataque nocturno gracias a la luz de la luna, que permitió a sus defensores descubrir una brecha en las murallas. Los bizantinos -entonces paganos- decidieron homenajear a Artemisa, diosa de la Luna (su hermano Apolo lo era del Sol) utilizando el símbolo de la divinidad femenina (la medialuna) como emblema.... y que más de veinte siglos más tarde los turcos otomanos harían de él su estandarte.

domingo 11 de septiembre de 2011

11 de Septiembre de 1714. La caida de Barcelona.

El Alcazar de Ceuta. 11/09/2011. El sitio fue iniciado por el duque de Berwick, mientras que al frente de los ejercitos que en Cataluña representaban los intereses del Archiduque Carlos de Austria, estaba el general Antonio de Villarroel. Dieciocho meses de sitio y luchas encarnizadas obligaron a capitular el día 11 de septiembre de 1714, cuatro dias mas tarde, Berwick firmó el nombramiento de la Real Junta Superior de Justicia y Gobierno, que, bajo la presidencia del consejero real José Patiño, sustituía a la autoridad de la Generalidad y del Consejo de Ciento. E l 16 de septiembre, José Patiño leía ante el Presidente de la Generalidad el decreto de disolución:

"...Habiendo cesado por la entrada de las armas del Rey N. S. (Q.D.G.) en esta Ciudad y plaza la representación de la Diputación y Generalidad de Cataluña, el Excmo. Sr. Mariscal Duque de Berwick y Liria me ha encargado que ordene y mande a los diputados y oidores de cuentas del General de Cataluña, que arrimen todas las insignias, cesen totalmente, así ellos como sus subalternos, en el ejercicio de sus cargos, empleos y oficios y entreguen las llaves, libros y todo lo demás concerniente a dicha casa de la Diputación y sus dependencias...".

De este modo terminó el capítulo catalán de la Guerra de Sucesión, con la caída de Barcelona en manos de Felipe V, el primer Borbón que reinó en España. Al morir sin descendencia Carlos II, «el Hechizado», se había desatado una guerra que, según estimaciones, costó un millón de vidas. La contienda enfrentó a quienes apoyaban al archiduque Carlos de Austria (austracistas) para dar continuidad a la monarquía y quienes preferían ver en el trono a Felipe de Anjou (borbónicos).

La corona de Aragón, celosa de sus privilegios, cambio de lealtades y escogió al austriaco, al que coronó en Barcelona en febrero de 1706 como Carlos III de España. Como este conflicto involucraba a varias potencias, entre ellas Francia e Inglaterra, no se reconoció a Felipe de Anjou hasta el Tratado de Utrecht de 1713, fecha en la que, ya como Felipe V, ya confirmado en su magistratura real se lanza a la lucha contra su rival.

Barcelona no cayó, pues, como suele decirse hoy, en una guerra por la independencia de Cataluña, sino entre dos testas coronadas que luchaban por el poder, aunque sí implicó y puso en riesgo la unidad de España, especialmente la de Castilla y Aragón. El nacionalismo catalán, sin embargo, recuerda esta fecha como una derrota propia y por ello se conmemora oficialmente como Día Nacional de Cataluña, con una ofrenda floral ante el monumento a Rafael de Casanova (1660-1743), quien combatió en defensa del Austria y no por la independencia catalana. En el curso de la Renaixença, fuente del catalanismo moderno, en el siglo XIX, intelectuales y políticos rescataron su figura como símbolo de la lucha por las libertades locales. Casanova pertenecía a una familia de buena posición, con tierras y fincas, y comerciantes de grana y lana: burguesía en sentido estricto, que dio a su hijo estudios de Derecho. En el momento del sitio de Barcelona, era consejero tercero del Consejo de Ciento, institución que sería abolida tras la derrota de Carlos III —quien le nombraría «caballero honrado», haciéndolo ingresar así en la baja nobleza—, y miembro de la Junta Secreta, de cinco personas, que elaboraba las propuestas del general Villarroel, jefe de los austracistas.

El asedio de Barcelona se inició en 1713 y a finales de este año Casanova fue elegido Consejero Jefe (Conseller en Cap) de Barcelona. El 11 de septiembre de 1714, se presentó en la muralla con una bandera de Santa Eulalia. En el combate fue herido en un muslo y llevado a un hospital. Sobrevivió escondido y en 1719 fue amnistiado y volvió a su labor de abogado.

Cataluña, Felipe V y el origen de la Diada

El Alcazar de Ceuta. 11/09/2011. El 1 de noviembre de 1700 moría Carlos II declarando como sucesor al Duque de Anjou, Felipe de Borbón, hijo segundo del Delfín de Francia y nieto de Luis XIV. El nuevo rey, Felipe V, de tan solo 17 años de edad, entró en España el 22 de enero de 1701 por Irún, llegando a la Villa y Corte de Madrid el 18 de febrero donde se alojaría en el Palacio del Buen Retiro, aunque la entrada oficial y triunfal no tendría lugar hasta el 14 de abril de ese mismo año. Comenzaba el reinado del primer Borbón en España.

Se puede afirmar que el testamento de Carlos II fue aceptado de manera general en todos los reinos de la Monarquía de España, aunque también es justo decir que inicialmente existió una cierta reticencia por parte de los estados de la Corona de Aragón por el secular enfrentamiento contra Francia, en especial en el frente pirenaico-catalán (aún estaba demasiado reciente la toma de Barcelona por parte de las tropas francesas en 1697 tras un durísimo asedio), y que veían ahora entronizarse al nieto del que tanto sufrimiento había generado, Luis XIV.

Otro elemento fundamental para entender a la Cataluña de la época es la pujante burguesía mercantil que se había ido desarrollando en el Principado a lo largo del reinado de Carlos II y que había logrado poco a poco hacerse con el control político y económico del territorio en alianza con las estructuras y redes político-económicas anglo-holandesas, desarrollando aquello que algunos han dado en llamar de forma equivocada “neoforalismo”. Entre estos mercantes y comerciantes destacan nombres como los de Narcís Feliú de la Penya, Josep Narcís, Joan Kies, Arnoldo Jäger, Mitford Crowe, Cristófol Lledó, Llorenç Lledó, Joan Llinàs, Onofre Sidós, Pau i Dalmases, Jaume Teixidor, Joan Bòria, Joan Lapeira, Amador Dalmau, Francesc Dalmau, Pere Dalmau, Joan Puigguriger, etc ...

Sin embargo, se puede afirmar que la postura de Cataluña, y del resto de España, hacia el nuevo Rey fue de gran apoyo. Las manifestaciones populares y oficiales en su favor fueron generales y la literatura panegirista exaltó al nuevo monarca y a la nueva dinastía, salvando incluso el hecho de que Felipe V fuese francés. Así, el catalán Raymundo Costa escribía en su “Oración panegírica” (1701): “Felipe quinto para Cataluña no es extraño, sino patricio, Natural, y buen Catalán, quando la Sangre Real, que alienta sus venas ha salido de los cristales transparentes de esta perenne y clara fuente de Nobleza del Principado de Cataluña”. Por su parte, el también catalán Francesc Brú señala en su “Lamentación fúnebre” (1700): “el Rey es español por más que haya nacido en Francia. Porque los reyes toman la naturaleza de la Corona, no de la cuna; de los reinos en que mandan, no de las tierras en que nacieron [...] venga a España el serenísimo Felipe de Francia y será más español que nosotros, pues a nosotros nos hizo españoles la tierra, y a Felipe el Cielo, a nosotros la cuna y a Felipe la Corona”.

Desde la llamada “Acadèmia dels Desconfiats” (núcleo del austracismo), si bien se exaltaron las supuestas relaciones idílicas entre el Principado y el fallecido Carlos II, también se defendió al nuevo Rey. Los académicos aceptaron el Testamento Real como última muestra de fidelidad hacia el amado Carlos II. Este argumento de defensa del nuevo Rey se basaba sobre todo en el principio de la unidad e indivisibilidad de la Monarquía, que constituía el eje central del testamento carolino, pensándose que quién la podía defender mejor era la potencia más fuerte de ese momento, es decir, la Francia de Luis XIV, abuelo del nuevo monarca católico. El punto de referencia de este austracismo catalán fue, por tanto, la exaltación de España. Paradójicamente sólo entre declarados felipistas, como Pellicer y Copons o Josép Aparici, se glorificó a Cataluña.

Una de las obras cumbre de la “Acadèmia” fueron las “Nenias Reales” que lloraban la muerte de Carlos II. En ellas, el anteriormente citado Raymundo Costa, escribía que Carlos II había dado la corona a Felipe de Anjou para que la conservase unida como “cuerpo uno y sin división de partes [...] cuerpo político, civil y místico de España” que está de acuerdo en esta Sucesión. Pero a añadía que tal “cuerpo natural” de España tenía tres cabezas: el rey legítimo español y catalán, Felipe V; las Cortes de los reinos y la Fe.

En este ambiente las principales instituciones de Cataluña (el Consell del Cent, la Diputación General de Cataluña, la Universidad,...) no cesaron en hacer llegar al nuevo Rey la necesidad de su pronta venida y la exhortación a celebrar Cortes, lugar donde Felipe V debía jurar a sus reinos y éstos prestar juramento a su Rey. Así todo quedaría conforme al Testamento de Carlos II y a las leyes, fueros y privilegios de Cataluña. Además, con la llegada de Felipe V a España los comunes catalanes exaltaron los buena nueva con celebraciones de todo tipo, destacando entre todas ellas las “Festivas aclamaciones” celebradas en Barcelona por los representantes de las instituciones catalanas junto al virrey Conde de Palma, durante las cuales se leyeron romances, poemas, villancicos y letrillas de loa y alabanza a Felipe V.

Es en este contexto de regocijo por el nuevo Rey y de fidelidad hacia su persona, es cuando se produce la visita de Felipe V a Cataluña, visita que tendrá lugar del 24 de septiembre de 1701 al 8 de abril de 1702, con el objetivo principal de la celebración de Cortes. Cataluña esperaba llena de expectación la primera visita del nuevo Rey, una visita especialmente esperada, pues hacía setenta años, desde la visita de Felipe IV en 1632, que un soberano español no visitaba el Principado.

Felipe V debía hacer todo lo necesario para consolidar el trono recién heredado. Su abuelo Luis XIV le había aconsejado visitar inmediatamente los reinos de la Corona de Aragón para celebrar el preceptivo y recíproco juramento real en las Cortes. En la Corona de Castilla, tenida por más dócil, el día 8 de mayo se había realizado en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid el juramento y pleito homenaje, pero se había evitado la reunión de Cortes, temidas como fuente de potenciales problemas y conflictos. Pero en la vida política de Cataluña, Aragón y Valencia, las Cortes eran esenciales y resultaba conveniente celebrarlas, aun a costa de los habituales riesgos y dificultades. Felipe V salió de Madrid con destino a Barcelona el 5 de septiembre. En su viaje pasó por Alcalá, Guadalajara, Torija, Algora, Alcolea, Maranchón, Tortuera, Used, Daroca, Cariñena, Muel, Zaragoza, a donde llegó el día 16 y donde permaneció hasta el 20 de septiembre, para después partir de nuevo rumbo a Villafranca, Pina, Bujaraloz, Fraga y Lérida, donde juró los privilegios de la ciudad. De allí a Cervera, en que se repitió la misma ceremonia, y a continuación Bellpuig, Igualada, Piera, Martorell y Barcelona. Durante todo el camino el paso del carruaje real atrajo a mucha gente. Las autoridades y el pueblo acudían a contemplar al nuevo soberano y a rendirle homenaje.

A medida que el Rey se iba acercando a la capital catalana aumentó el número de personalidades que se adelantaban a recibirle y darle la bienvenida: Universidad de Barcelona, oidores del General de Cataluña, el Consell de Cent, destacando el discurso del Conseller en Cap:

“Senyor, la Ciutat de Barcelona se postra humil als Reals peus de V.M. en protestació de son verdader rendiment, y ab expressió del imponderable jubilo ab que celebra lo feliz arribo de V.M. gloriantse de la ditxa li cap, que V.M. la favoresca ab sa Real presencia, y si be est tan rellevant favor, lo te sa innata fidelitat a agigantat […]”.

No faltaron tampoco las multitudes y las aclamaciones en el recibimiento dispensado al soberano, a lo largo del camino y en los alrededores de la ciudad. El relato publicado por la Diputació del General resaltaba las aclamaciones hechas a Felipe V cuando nada más llegar a Barcelona salió a saludar al balcón de palacio: “el numeroso concurso que llenaba la espaciosa plaza empezó en alegres y festivas afectuosas aclamaciones a repetir: “Viva, viva nuestro Rey Felipe Quinto” [...] y sobre las voces echaban los sombreros al aire”. Sin embargo, el momento culminante se produjo con la entrada triunfante y solemne de Felipe V en la ciudad el día 2 de octubre, día en que toda la capital catalana se engalanó y mostró todos los esplendores del arte efímero barroco para aclamar a su nuevo Rey.

El día 4 se celebró el doble juramento recíproco del Rey y de los representantes del Principado. Felipe V juró las “Constitucions” de Cataluña y los catalanes le juraron fidelidad y le prestaron homenaje como su rey y señor. Finalmente, el día 12 de octubre tuvo lugar la inauguración de las Cortes catalanas que eran muy esperadas por no haberse celebrado desde 1599, bajo el reinado de Felipe III, pues las de 1626 (continuadas en 1632), ya bajo el reinado de Felipe IV, no llegaron a cerrarse

Las Cortes catalanas, inauguradas el 12 de octubre, estuvieron funcionando durante tres meses. Como era propio de las Cortes su funcionamiento consistía en una dura negociación, en que el Rey trataba de obtener los mayores recursos posibles a cambio de las menores concesiones y el Reino buscaba conseguir el máximo de leyes favorables a sus intereses políticos, económicos y sociales y el máximo de reparación de agravios cometidos, por el mínimo de donativo. Uno de los temas más calientes fue el asunto de las desinsaculaciones, por la que las Cortes reclamaban que Felipe V renunciara a la prerrogativa que, acabada la Guerra de Secesión Catalana en 1652 tras la toma de Barcelona por don Juan José de Austria, Felipe IV se había reservado, consistente en el poder de desinsacular sin juicio previo a los insaculados en las bolsas de la Diputació del General y del Consell de Cent. Se produjo un duro tira y afloja que tuvo como resultado la renuncia al tema de las desinsaculaciones por parte de las Cortes para salvar el resto de los pactado con el Rey. A pesar de esto, el balance de las Cortes resultó muy positivo para Cataluña, sobre todo teniendo en cuenta que hacia casi 100 años que no se celebraban. Uno de los aspectos más interesantes de estas Cortes fueron las reformas económicas, encaminadas a favorecer la recuperación catalana, ya en marcha, facilitando las actividades comerciales. Tres medidas destacaban por su importancia: la autorización para erigir una casa de puerto franco en Barcelona, el permiso para enviar cada año dos barcos catalanes a América (se rompía así el monopolio castellano con las Indias, secular reclamación de la Corona de Aragón y de Cataluña en particular) y la creación de una junta encargada de proyectar y fundar una Compañía Náutica Mercantil y Universal. Se daba, por tanto, satisfacción a la importante burguesía mercantil catalana citada anteriormente.

En compensación de todas estas concesiones reales, las Cortes catalanas otorgaron a Felipe V un donativo de un millón y medio de libras. Además, para celebrar la conclusión de las Cortes y premiar los servicios prestados, así como para estrechar los lazos de los catalanes con la Corona, el Rey concedió una serie de gracias a numerosas personas (títulos nobiliarios, privilegios de nobles, nombramientos como ciudadanos honrados, etc). Podemos decir, sin duda, que tanto desde el punto de vista de Felipe V como desde el punto de vista de los catalanes el balance de las Cortes de 1701-1702 fue claramente positivo.

En el Principado se produjo también el encuentro entre Felipe V y María Luisa Gabriela de Saboya, tras su boda por poderes del 11 de septiembre en Turín. Nuevas celebraciones por la llegada de la Reina engalanarían la ciudad condal.

El 8 de abril de 1702, y obligado por el inicio de las acciones bélicas, Felipe V dejaba Barcelona poniendo rumbo a Italia en medio de un clima general de fidelidad y amor al monarca, hasta el punto que Feliú de la Penya señalaba que jamás vio tales muestras de amor hacia un rey (5).

Se puede afirmar, por tanto, que tras las Cortes la popularidad de Felipe V en Cataluña se había incrementado hasta niveles altísimos. De igual modo, cuando el 20 de diciembre de 1702 Felipe V regresó de Italia y entró en Barcelona fue recibido mejor que cuando llegó a la ciudad por primera vez para celebrar Cortes. El ambiente general era, por tanto, de optimismo y esperanza en el futuro y solo la guerra europea que había estallado ya en Italia, ensombrecía la situación. Nada hacia presagiar el estallido del conflicto civil en 1705.

¿Entonces que fue lo que hizo por tanto estallar el conflicto y la desafección catalana?

Muchos han sido los motivos esgrimidos al respecto, la mayoría de ellos deliberadamente distorsionados por un nacionalismo catalán de origen decimonónico y finisecular, que ha intentado utilizar la efeméride en beneficio propio argumentando, la mayor de las veces, que el conflicto obedecía a una hipotética lucha por una independencia que por aquellos entonces ni siquiera era planteada por los catalanes del momento.

Mas bien todo lo contrario, los intereses de Cataluña giraban en sentido bien opuesto, pues como hemos apuntado con anterioridad, el objetivo principal de las elites catalanas era el establecer unos lazos políticos y comerciales mucho mas estrechos con Castilla que le permitiese a la industria catalana proyectarse no solo a nivel peninsular, sino hacia unas posesiones americanas cuyo comercio quedaba mediatizado por el monopolio castellano.

Es por esto que la explicación del motivo que origino esta repentina desafección catalana, estaría mucho mas relacionado con las pugnas económicas existentes entre las familias políticas presentes en el panorama socioeconómico del principado, que como siempre, y como ocurre hoy en día, antepusieron su intereses particulares al del conjunto de los catalanes.

Será precisamente el conflicto desatado entre la camarilla reformista hispano-francesa de Felipe V y el “lobby” comercial catalano-anglo-holandés receloso de las reformas que se querían imponer desde Madrid para modernizar el país, la que llevo a Cataluña a romper con el felipismo reformista y a apoyar al archiduque Carlos de Austria como representante, al menos para ellos, del antiguo modelo “federal” circunstancial de los Austrias, apoyando además a sus aliados comerciales Inglaterra y Holanda que habían tejido importantes redes clientelares y familiares en territorio catalán.

El resultado, al que en otro post nos referiremos, de esta política desastrosa, es lo que hoy nacionalistas y separatistas catalanes conmemoran bajo el nombre de la “Diada”, sucesion de hechos que poco o nada tuvo que ver con los intereses colectivos del honrado y español pueblo de Cataluña.


Extraido del Blog El Reinado de Carlos II.