domingo, 11 de septiembre de 2011

11 de Septiembre de 1714. La caida de Barcelona.

El Alcazar de Ceuta. 11/09/2011. El sitio fue iniciado por el duque de Berwick, mientras que al frente de los ejercitos que en Cataluña representaban los intereses del Archiduque Carlos de Austria, estaba el general Antonio de Villarroel. Dieciocho meses de sitio y luchas encarnizadas obligaron a capitular el día 11 de septiembre de 1714, cuatro dias mas tarde, Berwick firmó el nombramiento de la Real Junta Superior de Justicia y Gobierno, que, bajo la presidencia del consejero real José Patiño, sustituía a la autoridad de la Generalidad y del Consejo de Ciento. E l 16 de septiembre, José Patiño leía ante el Presidente de la Generalidad el decreto de disolución:

"...Habiendo cesado por la entrada de las armas del Rey N. S. (Q.D.G.) en esta Ciudad y plaza la representación de la Diputación y Generalidad de Cataluña, el Excmo. Sr. Mariscal Duque de Berwick y Liria me ha encargado que ordene y mande a los diputados y oidores de cuentas del General de Cataluña, que arrimen todas las insignias, cesen totalmente, así ellos como sus subalternos, en el ejercicio de sus cargos, empleos y oficios y entreguen las llaves, libros y todo lo demás concerniente a dicha casa de la Diputación y sus dependencias...".

De este modo terminó el capítulo catalán de la Guerra de Sucesión, con la caída de Barcelona en manos de Felipe V, el primer Borbón que reinó en España. Al morir sin descendencia Carlos II, «el Hechizado», se había desatado una guerra que, según estimaciones, costó un millón de vidas. La contienda enfrentó a quienes apoyaban al archiduque Carlos de Austria (austracistas) para dar continuidad a la monarquía y quienes preferían ver en el trono a Felipe de Anjou (borbónicos).

La corona de Aragón, celosa de sus privilegios, cambio de lealtades y escogió al austriaco, al que coronó en Barcelona en febrero de 1706 como Carlos III de España. Como este conflicto involucraba a varias potencias, entre ellas Francia e Inglaterra, no se reconoció a Felipe de Anjou hasta el Tratado de Utrecht de 1713, fecha en la que, ya como Felipe V, ya confirmado en su magistratura real se lanza a la lucha contra su rival.

Barcelona no cayó, pues, como suele decirse hoy, en una guerra por la independencia de Cataluña, sino entre dos testas coronadas que luchaban por el poder, aunque sí implicó y puso en riesgo la unidad de España, especialmente la de Castilla y Aragón. El nacionalismo catalán, sin embargo, recuerda esta fecha como una derrota propia y por ello se conmemora oficialmente como Día Nacional de Cataluña, con una ofrenda floral ante el monumento a Rafael de Casanova (1660-1743), quien combatió en defensa del Austria y no por la independencia catalana. En el curso de la Renaixença, fuente del catalanismo moderno, en el siglo XIX, intelectuales y políticos rescataron su figura como símbolo de la lucha por las libertades locales. Casanova pertenecía a una familia de buena posición, con tierras y fincas, y comerciantes de grana y lana: burguesía en sentido estricto, que dio a su hijo estudios de Derecho. En el momento del sitio de Barcelona, era consejero tercero del Consejo de Ciento, institución que sería abolida tras la derrota de Carlos III —quien le nombraría «caballero honrado», haciéndolo ingresar así en la baja nobleza—, y miembro de la Junta Secreta, de cinco personas, que elaboraba las propuestas del general Villarroel, jefe de los austracistas.

El asedio de Barcelona se inició en 1713 y a finales de este año Casanova fue elegido Consejero Jefe (Conseller en Cap) de Barcelona. El 11 de septiembre de 1714, se presentó en la muralla con una bandera de Santa Eulalia. En el combate fue herido en un muslo y llevado a un hospital. Sobrevivió escondido y en 1719 fue amnistiado y volvió a su labor de abogado.

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